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sábado, 17 de marzo de 2012

Adictos al amor


“Adictos al Amor”
Experiencia de una participante a las reuniones de autoayuda

De niña soñaba con una pareja, un día me salvaría, me rescataría del sufrimiento y… “seríamos felices y comeríamos perdices” como en los cuentos.
Viví una niñez en la que los sentimientos de abandono, soledad, falta de protección y de amor, estaban instalados en mi, unas necesidades que no me fueron satisfechas, un/a niño/a depende de su papá y mamá, necesita de ellos de forma natural en los primeros años de vida, mis padres no tenían amor, protección, seguridad, así que no podían dármelo, sus padres a ellos tampoco se lo dieron, no lo conocían, así es como de generación en generación, se repiten los modelos, hasta que nos hacemos conscientes y paramos la cadena.

Al llegar a la adolescencia, mi sueño se hizo realidad, por fin encontré a mi “salvador”, el que me iba a curar todas mis heridas y me iba a proporcionar lo que yo necesitaba. Eso fue lo que aprendí, creía que el amor venía de fuera y que te lo tenían que dar. Desde el primer momento, esta relación fue un desastre, mis demandas afectivas eran insatisfechas, esta persona no me podía quitar la sensación de vacío que yo tenía. Necesitaba su aprobación constantemente, me obsesioné en “caerle bien”, en tener una buena apariencia física de acorde a sus gustos. Quería disponer constantemente de su presencia, le llamaba continuamente por teléfono, quería pasar todo el tiempo con él, le exigía que renunciara a lo que a él le gustaba hacer (jugar al fútbol, salir con sus amigos, relacionarse con chicas…) todo por la tremenda necesidad de afecto que tenía.

Mi autoestima era muy baja, soportaba desprecios y humillaciones, me sentía explotada, sufrí maltrato físico y emocional, renuncié a mis gustos, a mis ideales y mi vida se basaba en complacerle a él. Todo ello, por miedo al abandono, la relación no llenaba mi vacío y cada vez estaba más desesperada, con más sufrimiento. Una relación insatisfactoria, donde no se producía intercambio afectivo, porque ninguno de los dos se quería a sí mismo.

Realmente no me importaba ser querida o no, lo único que me obsesionaba era no estar sola. Necesitaba tremendamente de esa persona, pero en realidad no tenía ni idea, que era lo que yo necesitaba, mi brújula se había estropeado, me sentía perdida.

Por aquellos años, tenía un concepto de mi misma negativo, que no se ajustaba con la realidad, ya que de pequeña nunca me sentí querida y valorada. Tenía una autoimagen de “perdedora”, me sentía frustrada, ignoraba lo positivo de mi misma y de mi vida. Mi cara y mi humor mostraban una tristeza honda, padecía trastornos de ansiedad y llegué a abusar del alcohol excesivamente. Hoy soy consciente que me sometí a él, con tal de que la relación siguiera adelante, le admiraba continuamente, “ignoraba sus defectos” y lo ponía en un pedestal, me infravaloré tanto, que perdí mi identidad.

Con este panorama, 24 años, una relación de pareja de casi 10 años, llegó el momento en el que me pregunté ¿quién era?, en quién me había convertido, no me reconocía, había dejado atrás mis proyectos, mi risa, mis valores y ya era hora de hacer algo por mi misma, así, que con mucho miedo y sin saber por donde caminar, tomé la decisión de dejar la relación, el primer acto de Amor que realicé por mi y por él…

Después de esta etapa, me obsesioné con el pensamiento de tener pareja, con unas características determinadas, como si se tratara de un “objeto” que se puede adquirir en una tienda. Con la simple aparición de una persona, me ilusionaba y fantaseaba con la idea de que podía ser “mi pareja”, cada vez que comenzaba una relación o tenía posibilidades de empezarla, me sentía eufórica, me creaba unas “expectativas irreales” de formar pareja con alguien que no conocía. De hecho, una y otra vez, me embarcaba en una nueva relación, que apenas duraba 1 ó 2 meses, después, la ruptura, lo que me suponía un trauma, pero el deseo de tener una relación era tan grande, que sin pasar el “periodo de abstinencia” ya estaba buscando otra persona, todo ello, inconscientemente.

En la mayoría de los casos era abandonada, normalmente por “otra”, eso suponía para mi volver a revivir el abandono que sentí de niña, sentir que no era importante para nadie, que algo malo había en mi que nadie quería estar conmigo y que siempre vendría alguien a quitarme “lo mío”, una y otra vez, repetía la historia de mi niñez. Esa niña que fui, seguía esperando que papá la fuera a rescatar, pero su padre nunca llegó, después de 30 años, le he dicho a mi niña que su padre jamás va a llegar, que ahora soy yo la que le da lo que ella necesita (amor, protección, escucha, valía…). Ha sido una aventura estupenda, ir comprendiendo que esas necesidades que esperaba que los demás cubrieran por mi, es mi responsabilidad satisfacerlas, ¡es maravilloso! ¡No tengo que esperar por nadie! Ya no me siento sola, la tristeza ha desaparecido, la risa ha vuelto, ahora me siento contenta, feliz, me respeto, ha sido un gran hallazgo para mi, ser consciente de todo esto que aquí les cuento, también ha sido doloroso, pero ese dolor que he traspasado, es el que ha hecho que hoy me sienta Viva, que sienta aprecio por mi misma, que me valore y me quiera tal y como soy.

Hace unos días he llegado a aceptar mi situación, sí, esa de no tener pareja, ya no siento la necesidad de ir en busca de alguien, se que lo que tenga que surgir, surgirá. Ahora quiero compartir desde el Amor y no desde la carencia, se que va a llegar a mi vida una persona que al igual que yo, se Ame y se respete a sí mismo y desde ahí compartiremos.

El Amor Verdadero surge desde el interior de cada uno/a, hasta que no lo sienta uno/a por uno/a mismo/a, nunca llegará. Nadie me va a Amar como yo me Amo, nadie ha venido a este mundo a cumplir mis expectativas, soy un ser completo, con mis carencias y virtudes. Por fin, me siento libre, resulta que no era como me contaron, todo empieza por mi misma… El Amor existe.

ASOCIACIÓN de AUTOAYUDA,, ONG AdA..

jueves, 2 de febrero de 2012

“Te amo… pero soy feliz sin ti"




Post de Arantza Echaniz Barrond aparecido en el Blog de Inteligencia Emocional:
“Nuestros miedos no detienen a la muerte, sino al amor y a la vida. El miedo con todo su poder, no puede vencer ni detener a la muerte, pero sí puede detener al flujo de la vida que nos conduce a la paz interior” Jaramillo, Jaime (2007): Te amo… pero soy feliz sin ti. Bogotá: Ediciones Versalles, p.103
Jaime Jaramillo, en su libro Te amo… pero soy feliz sin ti propone una serie de herramientas sencillas y eficientes que han sido probadas por personas de diferentes culturas, edades, religiones, etc. y que ayudan a recuperar la consciencia y a evitar sus dos grandes enemigos, los apegos y el miedo. Una idea fundamental es que la solución a estos dos últimos no está en el exterior, no depende de nada ni nadie, sino que está en el interior de cada uno. “Recuerda siempre que donde pones tu mente, allí estará tu corazón” (p.14).
El apego implica que dependemos psicológica o emocionalmente de otras personas o de ciertas cosas. Supone que depositamos en ellas nuestra felicidad y empezamos a vivir condicionados. La felicidad pasa a estar en el exterior, en manos de otras personas. “El apego se nutre del miedo y estos miedos son el origen de todo el sufrimiento humano; debido a estos miedos, desarrollamos un sistema de autodefensa o negación persistente que nos lleva al autoengaño” (p.21).
Existen tres tipos de apegos que pueden tener diferentes manifestaciones e intensidad a lo largo de nuestra vida. El apego afectivo, que se puede confundir con el amor y se muestra con mayor intensidad en las relaciones de parejas o ante la muerte de un ser querido, implica que convertimos a la otra persona en la razón de nuestro ser. El apego material supone centrar la felicidad en el tener, poseer y ostentar; lo que lleva a creer que valemos más por lo que tenemos que por lo que somos. El apego ideológico, las creencias falsas y los fanatismos extremos, están en la base de los peores pasajes de la historia y es el origen de guerras y rivalidades. “La solución está en tus manos. No importa cuál sea tu situación; realmente, la solución es la misma para todos, y cada uno tendrá que recorrer su propio camino” (p.38). Se trata de despertar, de elegir y decidir salir del estado de inconsciencia en el que te encuentras.
El camino del despertar es espiritual y se soporta en la visualización creativa, la meditación y el servicio a los demás. “La verdadera espiritualidad consiste en que nada, ni nadie, ni ningún suceso o acontecimiento nos pueda perturbar. Y, si por alguna razón, en algún momento algo nos perturbara, la espiritualidad nos da el poder de elegir conscientemente y dejar de lado aquello que nos causa sufrimiento”. Para lograr la paz interior debemos armonizar nuestro cuerpo, nuestra mente y nuestro espíritu. Y para ello debemos abrir nuestra mente y nuestro corazón y desarrollar la capacidad de escucha. Es importante que observemos nuestras relaciones con el mundo y con los demás; que identifiquemos las emociones y pensamientos que manejan nuestra vida; que reconozcamos las creencias que nos hacen daño y causan apego; que analicemos nuestro miedos; que identifiquemos y trascendamos el dolor, que es un indicador de que hay que cambiar.
La visualización creativa nos ayuda a acabar con nuestras barreras internas, miedos y dudas y atraer aquello que deseamos, pero no para controlar el comportamiento de los demás o hacerles que vayan en contra de su voluntad. Su poder radica en que el cerebro no distingue entre un acontecimiento real y uno imaginado; y por ello, si creamos una realidad interior el cerebro crea, automáticamente, la pauta que nos lleva a los resultados.
La meditación es la llave para acceder a tu interior y está al alcance de cualquiera; “es volver a lo básico, a tu hogar, a tu templo sagrado, en el que sólo el amor y la paz reinan. (…) lograr ese estado de consciencia es más que una experiencia; eres tú, es tu propio ser en toda su plenitud” (p.175).
El servicio a los demás, un servicio generoso y desinteresado, realizado sin esperar nada a cambio potenciará todo tu trabajo interior y dará sentido a tu vida. Es la herramienta más silenciosa pero mas poderosa en el camino de la liberación interior.
“Cuando realmente estás disfrutando del estado de consciencia pura que es el amor, el apego desaparece, por eso deja de hacer reclamos, expectativas y exigencias” (p.87)
¿Te animas a abrir las alas a una nueva dimensión liberadora?

domingo, 22 de enero de 2012

Meditación 9 Anthony de Mello; Una llamada al amor.


Enlace a la Web Oficial de A. de Mello
Imagina que tienes un receptor de radio que, por mucho que gires el dial, solo capta una emisora. Por otra parte, no puedes controlar el volumen, unas veces, el sonido apenas es  audible; otras, es tan fuerte que te destroza los tímpanos. Y además, es imposible apagarla y, aunque a veces suena bajo, de pronto se pone a sonar estruendosamente cuando lo que quieres es descansar y dormir. ¿Quien puede soportar una radio que funciona de semejante modo? Y, Sin embargo, cuando tú corazón se comporta de un modo parecido, no solo lo soportas, sino que lo consideras normal y hasta humano.

Piensa en las numerosas veces que te has visto zarandeado por tus emociones, que has sufrido accesos de ira, de depresión, de angustia, cuando tu corazón se ha empeñado en conseguir algo que no tenias, o en aferrarte a algo que poseías, o en evitar algo que no deseabas. Estabas enamorado, por ejemplo, y te sentías rechazado o celoso; de pronto, toda tu mente y tu corazón empezaron a centrarse exclusivamente en este hecho, y el banquete de la vida se trocó en cenizas en tu boca. O estabas empeñado en ganar unas elecciones, y el fragor del combate te impedía escuchar el canto de los pájaros: tu ambición  ahogaba cualquier sonido que pudiera “distraerte”.O te enfrentabas a la posibilidad de haber contraído una grave enfermedad, o la perdida de un ser querido, y te resultaba imposible concentrarte en cualquier otra cosa…

En suma, en el momento en que te dejas atrapar por un apego, deja de funcionar ese maravilloso aparato que llamamos el corazón Humano”. Si deseas reparar tu aparato de radio, tienes que estudiar radio electrónica. Si deseas reformar tu corazón, tienes que tomarte tiempo para pensar seriamente en cuatro verdades liberadoras. Pero antes elige algún apego que te resulte verdaderamente inquietante, algo a lo que estas aferrado, algo que te inspire temor, algo que ansíes vehementemente… y ten presente ese apego mientras escuchas tales verdades.

Primera verdad: Debes escoger entre tu apego y la felicidad. No puedes tener ambas cosas. En el momento en que adquieres un apego, tu corazón deja de funcionar como es debido, y se esfuma tu capacidad de llevar una existencia alegre, despreocupada y serena. Comprueba cuan verdadero es esto, si lo aplicas al apego que has elegido.

Segunda verdad: ¿De donde te vino ese apego? No naciste con él, sino que brotó de una mentira que tu sociedad y tu cultura te han contado, o de una mentira que te has contado tú a ti mismo, a saber, que sin tal cosa o la otra, sin esa persona o la de más allá, no puedes ser feliz. Simplemente, abre los ojos y comprueba la falsedad de semejante aserto. Hay centenares de personas que son perfectamente felices sin  esa cosa, esa persona o esa circunstancia que tú tanto ansias y sin la cual estas convencido de que no puedes ser feliz. Así pues, elige entre tu apego y tu libertad y felicidad.

Tercera Verdad: si deseas estar plenamente vivo, debe adquirir y desarrollar el sentido de la perspectiva. La vida es infinitamente más grande que esa nimiedad a la que tú corazón se ha apegado y a la que tú has dado el poder de alterarte de ese modo. Una nimiedad, si, porque, si vives lo suficiente, es muy fácil que algún día esa cosa o persona deje de importarte… y hasta puede que ni siquiera te acuerdes de ella, como podrás comprobar por experiencia. Hoy mismo, apenas recuerdas aquellas tremendas tonterías que tanto te inquietaron en el pasado y que ya no te afectan en lo más mínimo.

Y llegamos a la Cuarta Verdad, que te lleva a la inevitable conclusión de que ninguna cosa o persona que no seas tú tiene el poder de hacerte feliz o desdichado. Seas o no consciente de ello, eres tú, y nadie más que tú, quien decide ser feliz o desdichado, según te aferres o dejes de aferrarte al objeto de tu apego en una situación dada.

Si reflexionas sobre estas verdades, puede que tomes conciencias de que tu corazón se resiste a ellas o que por el contrario, busca razones en su contra y se niega a tomarlas en consideración. Será señal de que tus apegos no te han hecho aún sufrir lo bastante como para desear realmente reparar tu “Radio espiritual”. También es posible que tu corazón no se resista a dichas verdades, en tal caso, alégrate de ello: es señal de que el arrepentimiento, la remodelación de tú corazón ha comenzado, y de que al fin, la vida reconfortantemente despreocupada de los niños, se ha puesto a tú alcance, y estas a punto de tocarlo con los dedos y tomar posesión de él.