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domingo, 1 de abril de 2012

El principito I


          
El principito

…..       Entonces apareció el zorro:
-         Buenos días - dijo el zorro.
-         Buenos días – respondió cortésmente el principito, que se dio la vuelta pero no vio nada.
-         Estoy aquí – dijo la voz – bajo el manzano
-         Quien eres? – dijo el principito – eres muy lindo…
-         Soy un zorro – dijo el zorro.
-         Ven a jugar conmigo – le propuso el principito – estoy tan triste.
-         No puedo jugar contigo – dijo el zorro – no estoy domesticado
-         ¡ah! perdón – dijo el principito.
Pero después de reflexionar agrego:
-         ¿que significa domesticar?
-         No eres de aquí? – dijo el zorro - ¿Qué buscas?
-         Busco a los hombres – dijo el principito - ¿Qué significa domesticar?
-         Los hombres – dijo el zorro -. Tienen fusiles y cazan. Es muy molesto. También crían gallinas. Es su único interés. ¿buscas gallinas?
-         No – dijo el principito – busco amigos. ¿que significa domesticar?
-         Es una cosa demasiado olvidada – dijo el zorro – significa crear lazos.
-         ¿crear lazos?
-         Si – dijo el zorro – Para mi no eres todavía mas que un muchacho semejante a cien mil muchachitos. Y no te necesito. Y tú tampoco me necesitas. No soy para ti más que un zorro semejante a cien mil zorros. Pero, si me domesticas, tendremos necesidad el uno del otro. Serás para mi único en el mundo. Seré para ti único en el mundo.
-         Empiezo a comprender – dijo el principito – hay una flor… creo que me ha domesticado.
-         Es posible – dijo el zorro – en la tierra se ve toda clase de cosas…!

………..continuara…..

miércoles, 28 de marzo de 2012

Cuento sioux del amor eterno


Cuenta una vieja leyenda de indios sioux, que una vez hasta la tienda del viejo brujo de la tribu llegaron, tomados de la mano, Toro Bravo, el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros, y Nube Alta, la hija del cacique y una de las mas hermosas mujeres de la tribu.
- Nos amamos – empezó el joven.
- Y nos vamos a casar – dijo ella.
- Y nos queremos tanto que tenemos miedo.
- Queremos un hechizo, un conjuro, un talismán.
- Algo  que nos garantice que podremos estar siempre juntos.
- Que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar a Manitú el día de la muerte.
- Por favor – repitieron -, ¿hay algo que podamos hacer?
El viejo los miró y se emocionó de verlos tan jóvenes, tan enamorados, tan anhelantes esperando su palabra.
- Hay algo... – dijo el viejo después de una larga pausa -. Pero no se... es una tarea muy difícil y sacrificada.
- No importa – dijeron los dos.
- Lo que sea – ratificó Toro Bravo.
- Bien – dijo el brujo -, Nube Alta ¿ves el monte al norte de nuestra aldea?. Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos, y deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte. Si lo atrapas, deberás traerlo  aquí con vida el tercer día después de la luna llena. ¿Comprendes?.
La joven asintió en silencio.
- Y tú, Toro Bravo – siguió el brujo -, deberás escalar la montaña del trueno y cuando llegues a la cima, encontrar la mas bravía de todas las águilas y solamente con tus manos y una red deberás atraparla sin heridas y traerla ante mi, viva, el mismo día en que vendrá Nube Alta... Salga ahora.
Los jóvenes se miraron con ternura y después de una fugaz sonrisa salieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte, él hacia el sur...
El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con sendas bolsas de tela que contenían las aves solicitadas.
El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de sus bolsas. Los jóvenes hicieron y expusieron ante la aprobación del viejo los pájaros cazados. Eran verdaderamente hermosos ejemplares, sin duda lo mejor de su estirpe.
¿Volaban alto? – preguntó el viejo.
- Si, sin dudas. Como lo pediste... ¿Y ahora? – preguntó el joven -. ¿Los mataremos y beberemos el honor de sus sangre?
- No – dijo el viejo.
- Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne – propuso la joven.
- No – repitió el viejo -. Hagan lo que les digo. Tomen las aves y átenlas entre si por las patas con estas tiras de cuero.... Cuando las hayan anudados, suéltenlas y que vuelen libres.
El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros.
El águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse en el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre si hasta lastimarse.
- Este es el conjuro. Jamás olviden lo que han visto. Ustedes como un águila y un halcón, si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure, vuelen juntos pero jamás atados.

viernes, 23 de marzo de 2012

Cuando alguien te quiere


Hay algo básico, quizás el punto de partida en el aprendizaje y desarrollo de nuestras relaciones interpersonales que se hace muy patente sobre todo en la pareja. Como dice bucay en “el camino del encuentro” cuando alguien te quiere, sus acciones dejan ver claramente cuanto le importas. En esto no hay ningún género de dudas, aunque a veces nuestra mente, acostumbrada a buscar y encontrar razones para aquello que queremos justificar, construya su falsa “realidad”.

Cuando alguien te quiere, o cuando uno quiere, todo es muy sencillo, sobre todo muy sentido. Me querrá quien yo quiero o quizás no, será como yo quiero o no, será adecuado o no, lo que no ofrece dudas es que se siente claramente. A no ser que exista alguna imposibilidad, las personas sentimos en nuestro “corazón” quién nos quiere y a quien queremos

Hay maneras de querer, cada uno tiene la capacidad de querer que haya construido y, con el paso de la vida y las experiencias, la forma de querer que ha desarrollado. Todo esto tiene además mucho que ver con cómo nos han querido y sobre todo con cómo y cuanto nos queremos a nosotros mismos.



Cuando alguien te quiere, lo que hace es ocupar una parte de su vida, de su tiempo y de su atención en vos.

Cuentan que una noche, cuando en la casa todos dormían, el pequeño Ernesto de 5 años se levantó de su cama y fue al cuarto de sus padres. Se paró junto a la cama del lado de su papá y tirando de las cobijas lo despertó.

- ¿Cuánto ganas, papá? – le preguntó
- Ehhh... ¿cómo? – preguntó el padre entre sueños.
- Que cuánto ganas en el trabajo.
- Hijo, son las doce de la noche, andate a dormir.
- Si papi, ya me voy, pero vos ¿cuánto ganás en el trabajo?

El padre se incorporó en la cama  y en grito ahogado le ordenó:

- ¡Te vas a la cama inmediatamente, esos no son temas para que vos pregunte! ¡¡y menos a la medianoche!! – y extendió su dedo señalando la puerta.

Ernesto bajó la cabeza y se fue a su cuarto.
A la mañana siguiente el padre pensó que había sido demasiado severo con Ernesto y que su curiosidad no merecía tanto reproche. En un intento de reparar, en la cena el padre decidió contestarle al hijo.

- Respecto de la pregunta de anoche, Ernesto, yo tengo un sueldo de 2.800 pesos pero con los descuentos me quedan unos 2.200.

- ¡Uhh!... cuánto que ganás, papi – contestó Ernesto.
- No tanto hijo, hay muchos gastos.
- Ahh... y trabajás muchas horas.
- Si hijo, muchas horas.                                  
- ¿Cuántas papi?
- Todo el día, hijo, todo el día.
- Ahh – asintió el chico, y siguió – entonces vos tenés mucha plata ¿no?.
- Basta de preguntas, sos muy chiquito para estar hablando de plata.

Un silencio invadió la sala y callados todos se fueron a dormir.
Esa noche, una nueva visita de Ernesto interrumpió el sueño de sus padres. Esta vez traía un papel con números garabateados en la mano.

- Papi ¿vos me podés prestar cinco pesos?
- Ernesto... ¡¡son las dos de la mañana!! – se quejó el papá.
- Si pero ¿me podés...

El padre no le permitió terminar la frase.

- Así que este era el tema por el cual estás preguntando tanto de la plata, mocoso impertinente. Andate inmediatamente a la cama antes de que te agarre con la pantufla... Fuera de aquí... A su cama. Vamos.

Una vez más, esta vuelta puchereando, Ernesto arrastró los pies hacia la puerta.

Media hora después, quizás por la conciencia del exceso, quizás por la mediación de la madre o simplemente porque la culpa no lo dejaba dormir, el padre fue al cuarto de su hijo. Desde la puerta escucho lloriquear casi en silencio.

Se sentó en su cama y le habló.

- Perdóname si te grité, Ernesto, pero son las dos de la madrugada, toda la gente está durmiendo, no hay ningún negocio abierto, ¿no podés esperar hasta mañana?.
- Si papá – contestó el chico entre mocos.

El padre metió la mano en su bolsillo y sacó su billetera de extrajo un billete de cinco pesos. Lo dejó en la mesita de luz y le dijo:

- Ahí tenés la plata que me pediste.

El chico se enjuagó las lágrimas con la sábana y saltó hasta su ropero, de allí sacó una lata y de la lata unas monedas y unos pocos billetes. Agregó los cinco pesos al lado del resto y contó con los dedos cuánto dinero tenía.

Después agarró la plata entre las manos y la puso en la cama frente a su padre que lo miraba sonriendo.

- Ahora si – dijo Ernesto – llego justo, nueve pesos con cincuenta centavos.
- Muy bien hijo, ¿y que vas a hacer con esa plata?
- ¿Me vendés una hora de tu tiempo, papi?.

Cuando alguien te quiere, sus acciones dejan ver claramente cuánto le importas.
                                 Jorge Bucay “El Camino Del encuentro


martes, 20 de marzo de 2012

la princesa busca marido


LA PRINCESA BUSCA MARIDO (Jorge Bucay)

Había una vez una princesa, que quería encontrar un esposo digno de ella, que la amase verdaderamente. Para lo cual puso una condición: elegiría marido entre todos los que fueran capaces de estar 365 días al lado del muro del palacio donde ella vivía, sin separarse ni un solo día. Se presentaron centenares, miles de pretendientes a la corona real. Pero claro al primer frío la mitad se fue, cuando empezaron los calores se fue la mitad de la otra mitad, cuando empezaron a gastarse los cojines y se terminó la comida, la mitad de la mitad de la mitad, también se fue.

Habían empezado el primero de enero, cuando entró diciembre, empezaron de nuevo los fríos, y solamente quedó un joven.Todos los demás se habían ido, cansados, aburridos, pensando que ningún amor valía la pena. Solamente éste joven que había adorado a la princesa desde siempre, estaba allí, anclado en esa pared y ese muro, esperando pacientemente que pasaran los 365 días.

La princesa que había despreciado a todos, cuando vio que este muchacho se quedaba empezó a mirarlo, pensando, que quizás ese hombre la quisiera de verdad. Lo había espiado en Octubre, había pasado frente a él en Noviembre, y en Diciembre, disfrazada de campesina le había dejado un poco de agua y un poco de comida, le había visto los ojos y se había dado cuenta de su mirada sincera. Entonces le había dicho al rey:

- Padre creo que finalmente vas a tener un casamiento, y que por fin vas a tener nietos, este es el hombre que de verdad me quiere.

El rey se había puesto contento y comenzó a prepararlo todo. La ceremonia, el banquete e incluso, le hizo saber al joven, a través de la guardia, que el primero de Enero, cuando se cumplieran los 365 días, lo esperaba en el palacio porque quería hablar con él.

Todo estaba preparado, el pueblo estaba contento, todo el mundo esperaba ansiosamente el primero de Enero. El 31 de Diciembre, el día después de haber pasado las 364 noches y los 365 días allí, el joven se levantó del muro y se marchó. Fue hasta su casa y fue a ver a su madre, y ésta le dijo:

- Hijo querías tanto a la princesa, estuviste allí 364 noches, 365 días y el último día te fuiste. ¿Qué pasó?, ¿No pudiste aguantar un día más?

Y el hijo contestó:

- ¿Sabes madre? Me enteré que me había visto, me enteré que me había elegido, me enteré que le había dicho a su padre que se iba a casar conmigo y, a pesar de eso, no fue capaz de evitarme una sola noche de dolor, pudiendo hacerlo, no me evitó una sola noche de sufrimiento. Alguien que no es capaz de evitarte una noche de sufrimiento no merece de mi, Amor, ¿verdad madre?

Cuando estás en una relación, y te das cuenta de que pudiendo evitarte una mínima parte de sufrimiento, el otro no lo hace es, porque todo se ha terminado.