Mostrando entradas con la etiqueta Una llamada al amor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Una llamada al amor. Mostrar todas las entradas

lunes, 30 de enero de 2012

Meditación 20


Anthony de Mello; Una llamada al amor.


Cuando estas enamorado, te sorprendes a ti mismo mirando a todo el mundo con ojos distintos; te vuelves generoso, compasivo, bondadoso, donde antes tal vez eras duro y mezquino. E, inevitablemente, los demás comienzan a reaccionar para contigo de la misma manera, y, no tardas en comprobar que vives en un mundo de ternura que tú mismo has creado.

En cambio, cuando lo que predomina en ti es el mal humor y te irritas fácilmente te muestras ruin, suspicaz y hasta paranoide, enseguida compruebas que todo el mundo reacciona ante ti de manera negativa, y te encuentras viviendo en un mundo hostil, creado por tu mente y tus emociones.

¿Cómo podrias intentar crear un mundo feliz, amable y pacifico? Aprendiendo el sencillo y hermoso, aunque arduo,”arte de mirar”. Se trata de hacer lo siguiente: cada vez que te encuentres irritado o enojado con alguien, a quien tienes que mirar es a ti, no a esa persona. Lo que tienes que preguntarte no es: “¿que le pasa a ese individuo?” sino “¿Qué pasa conmigo que estoy tan irritado?”.

Intenta hacerlo ahora mismo. Piensa en alguna persona cuya sola presencia te saque de quicio y formúlate a ti mismo esta dolorosa pero liberadora frase: “la causa de mi irritación no está en esa persona sino en mi mismo” Una vez dicho esto, trata de descubrir por qué y cómo se origina esta irritación. En primer lugar, considera la posibilidad, muy real, de que la razón por la que te molestan los defectos de esa persona, o lo que tú supones que lo son, es porque tú mismo tienes esos defectos, lo que ocurre es que los has reprimido, y por eso los proyectas inconscientemente en el otro. Esto sucede casi siempre, aunque casi nadie lo reconoce.
Trata, pues de descubrir los defectos de esa persona en tu propio interior, en tu mente inconsciente, y tu irritación se convertirá en agradecimiento hacia dicha persona, que con su conducta te ha ayudado a desenmascararte.
Otra cosa digna de considerar es la siguiente: ¿No será que lo que te molesta de esa persona es que sus palabras o su comportamiento ponen de relieve algo de tu vida y de ti mismo que tú te niegas a ver? Fíjate como nos molestan el místico y el profeta que parecen alejarse mucho de lo místico o de lo profético cuando nos sentimos cuestionados por sus palabras o por su vida.
Una tercera cosa también esta muy clara: tú te irritas contra esa persona porque no responde a las expectativas que has sido “programado” para abrigar respecto a ella. Tal vez tengas derecho a exigir que esa persona responda a tu “programación”, siendo, por ejemplo cruel o injusta, en cuyo caso no es preciso que sigas considerando esto. Pero si tratas de cambiar a esa persona o de poner fin a su comportamiento, ¿NO seria mucho más eficaz si no estuvieras irritado? La irritación solo conseguirá embotar tu percepción y hacer que tu acción sea menos eficaz. Todo el mundo sabe que cuando un deportista pierde los nervios, la calidad de su juego decrece, porque la pasión y el acaloramiento le hacen perder coordinación. En la mayoría de los casos, sin embargo, no tienes derecho a exigir que la otra persona responda a tus expectativas; otras personas en tu lugar, ante dicho comportamiento, no experimentarían irritación alguna. No tienes más que pensar detenidamente en esta verdad, y tu irritación se diluirá. ¿No es absurdo por tu parte exigir que alguien viva con arreglo a los criterios y normas que tus padres te han inoculado?
Finalmente, he aquí otra verdad que deberías considerar: teniendo en cuenta la educación, la experiencia y los antecedentes de esa persona, seguramente no puede dejar de comportarse como lo hace. Alguien ha dicho, con mucho acierto, que comprender todo es perdonar todo. Si tú comprendes realmente a esa persona, la consideraras como una persona deficiente, pero no censurable, y tú irritación cesará al instante. Y enseguida comprobaras que comienzas a tratar a esa persona con amor y que ella te responde del mismo modo, y te encontraras viviendo en un mundo de amor que tú mismo has creado.

domingo, 22 de enero de 2012

Meditación 9 Anthony de Mello; Una llamada al amor.


Enlace a la Web Oficial de A. de Mello
Imagina que tienes un receptor de radio que, por mucho que gires el dial, solo capta una emisora. Por otra parte, no puedes controlar el volumen, unas veces, el sonido apenas es  audible; otras, es tan fuerte que te destroza los tímpanos. Y además, es imposible apagarla y, aunque a veces suena bajo, de pronto se pone a sonar estruendosamente cuando lo que quieres es descansar y dormir. ¿Quien puede soportar una radio que funciona de semejante modo? Y, Sin embargo, cuando tú corazón se comporta de un modo parecido, no solo lo soportas, sino que lo consideras normal y hasta humano.

Piensa en las numerosas veces que te has visto zarandeado por tus emociones, que has sufrido accesos de ira, de depresión, de angustia, cuando tu corazón se ha empeñado en conseguir algo que no tenias, o en aferrarte a algo que poseías, o en evitar algo que no deseabas. Estabas enamorado, por ejemplo, y te sentías rechazado o celoso; de pronto, toda tu mente y tu corazón empezaron a centrarse exclusivamente en este hecho, y el banquete de la vida se trocó en cenizas en tu boca. O estabas empeñado en ganar unas elecciones, y el fragor del combate te impedía escuchar el canto de los pájaros: tu ambición  ahogaba cualquier sonido que pudiera “distraerte”.O te enfrentabas a la posibilidad de haber contraído una grave enfermedad, o la perdida de un ser querido, y te resultaba imposible concentrarte en cualquier otra cosa…

En suma, en el momento en que te dejas atrapar por un apego, deja de funcionar ese maravilloso aparato que llamamos el corazón Humano”. Si deseas reparar tu aparato de radio, tienes que estudiar radio electrónica. Si deseas reformar tu corazón, tienes que tomarte tiempo para pensar seriamente en cuatro verdades liberadoras. Pero antes elige algún apego que te resulte verdaderamente inquietante, algo a lo que estas aferrado, algo que te inspire temor, algo que ansíes vehementemente… y ten presente ese apego mientras escuchas tales verdades.

Primera verdad: Debes escoger entre tu apego y la felicidad. No puedes tener ambas cosas. En el momento en que adquieres un apego, tu corazón deja de funcionar como es debido, y se esfuma tu capacidad de llevar una existencia alegre, despreocupada y serena. Comprueba cuan verdadero es esto, si lo aplicas al apego que has elegido.

Segunda verdad: ¿De donde te vino ese apego? No naciste con él, sino que brotó de una mentira que tu sociedad y tu cultura te han contado, o de una mentira que te has contado tú a ti mismo, a saber, que sin tal cosa o la otra, sin esa persona o la de más allá, no puedes ser feliz. Simplemente, abre los ojos y comprueba la falsedad de semejante aserto. Hay centenares de personas que son perfectamente felices sin  esa cosa, esa persona o esa circunstancia que tú tanto ansias y sin la cual estas convencido de que no puedes ser feliz. Así pues, elige entre tu apego y tu libertad y felicidad.

Tercera Verdad: si deseas estar plenamente vivo, debe adquirir y desarrollar el sentido de la perspectiva. La vida es infinitamente más grande que esa nimiedad a la que tú corazón se ha apegado y a la que tú has dado el poder de alterarte de ese modo. Una nimiedad, si, porque, si vives lo suficiente, es muy fácil que algún día esa cosa o persona deje de importarte… y hasta puede que ni siquiera te acuerdes de ella, como podrás comprobar por experiencia. Hoy mismo, apenas recuerdas aquellas tremendas tonterías que tanto te inquietaron en el pasado y que ya no te afectan en lo más mínimo.

Y llegamos a la Cuarta Verdad, que te lleva a la inevitable conclusión de que ninguna cosa o persona que no seas tú tiene el poder de hacerte feliz o desdichado. Seas o no consciente de ello, eres tú, y nadie más que tú, quien decide ser feliz o desdichado, según te aferres o dejes de aferrarte al objeto de tu apego en una situación dada.

Si reflexionas sobre estas verdades, puede que tomes conciencias de que tu corazón se resiste a ellas o que por el contrario, busca razones en su contra y se niega a tomarlas en consideración. Será señal de que tus apegos no te han hecho aún sufrir lo bastante como para desear realmente reparar tu “Radio espiritual”. También es posible que tu corazón no se resista a dichas verdades, en tal caso, alégrate de ello: es señal de que el arrepentimiento, la remodelación de tú corazón ha comenzado, y de que al fin, la vida reconfortantemente despreocupada de los niños, se ha puesto a tú alcance, y estas a punto de tocarlo con los dedos y tomar posesión de él.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

Una llamada al amor. XXIII


Meditación 23
Anthony de Mello; Una llamada al amor.

¿No se te ha ocurrido pensar que sólo eres capaz de amar cuando estas solo? Pero  ¿Que significa amar? Significa ver a una  persona, una cosa, una situación, tal como realmente es, no tal como tú la imaginas, y reaccionar ante ella como merece. No puedes amar lo que ni siquiera ves.

¿Y que es lo que te impide amar?  Tus conceptos, tus categorías, tus prejuicios y proyecciones, tus necesidades y apegos, los clichés que tú mismo has elaborado a partir de  tus propios condicionamientos y experiencias pasadas. Ver, es la mas ardua tarea que un ser humano puede emprender, porque requiere una mente alerta y disciplinada, mientras que la mayoría de la gente prefiere ceder a la pereza mental antes que tomarse la molestia de ver a cada persona y cada cosa de un modo siempre nuevo, con la novedad de cada momento.

Liberarte de tus condicionamientos para poder ver es bastante difícil. Pero el ver te exige algo aun mas doloroso: liberarte del control que la sociedad ejerce sobre ti; un control cuyos tentáculos han penetrado hasta las raíces mismas de tu ser, hasta el punto de que liberarte de el es tanto como despedazarte.

Si quieres comprenderlo, piensa en un niño al que desde pequeño se le inocula el gusto por la droga. A medida que la droga penetra en su cuerpo, el niño se  va haciendo adicto, y todo su ser demanda a gritos dicha droga. Llega un momento en que la falta de la droga le resulta tan insoportable que prefiere morir.

Esto es exactamente lo que la sociedad hizo contigo cuando eras niño. No te estaba permitido disfrutar del sólido y nutritivo alimento de la vida, el trabajo, la actividad y la compañía de las personas y los placeres de los sentidos y de la mente. Se te hizo tomar afición a unas drogas llamadas “aprobación”, “aprecio”, “éxito”, “prestigio” , “poder”.. Una vez que les tomaste el gusto, te hiciste adicto a ellas y empezaste a temer la posibilidad de perderlas. Sentías terror con solo pensar en los fallos, en los errores, en las críticas. De modo que te hiciste cobardemente dependiente de los demás y perdiste tú libertad. Ahora tienen otro el poder de hacerte feliz o desdichada. Y por más que detestes el dolor que ello supone, te encuentras completamente desvalida. No hay un solo minuto en el que consciente o inconscientemente no trates de sintonizar con las reacciones de los demás,  marchando al ritmo de sus exigencias. Cuando te ves ignorado o desaprobado, experimentas una soledad tan insoportable que acudes a los demás mendigando el consuelo de su apoyo, su aliento, sus palabras de animo. Vivir con lo demás en ese estado conlleva una tensión interminable, pero vivir sin ellos acarrea el agudo dolor de la soledad. Has perdido tú capacidad de verlos con toda claridad tal como son y de reaccionar adecuadamente ante ellos, porque en general tu percepción de ellos esta oscurecida por tu necesidad de conseguir la droga.

La aterradora e ineludible consecuencia de todo ello es que te has vuelto incapaz de amar nada ni a nadie. Si deseas amar, has de aprender a ver de nuevo. Y si deseas ver, has de renunciar a tú droga.